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La gran hazaña del Universitario de voleibol cumple 40 años de orgullo

19/10/2018

Los integrantes de aquel equipo histórico vuelven a reunirse este sábado para recordar el ascenso a Primera y el partido ante el Real Madrid. Ideal

Estos días se han cumplido 40 años del primer partido del equipo masculino del CD Universitario de voleibol en la máxima categoría nacional tras el ascenso, y sus protagonistas se han propuesto rememorarlo orgullosos como siguen de una hazaña para el recuerdo que, el 29 de octubre de 1978, trajo al entonces invencible Real Madrid a Fuentenueva en un espectáculo muy esperado. «Un hito», lo califica Juan de la Cruz, el entrenador de aquel equipo histórico.

El CD Universitario estaba formado íntegramente por estudiantes bajo una filosofía inamovible de modestia. De la Cruz recuerda a muchos de los nombres que conformaban aquel proyecto hace ya cuarenta años, tanto jugadores como directivos. «Miguel Ángel Labella, Juan Miguel Arnedo, Luis Pulido, Jesús González, José Luis Rodríguez Peralto, Miguel de Lorenzo, José Pardo, Alberto Gálvez, Emilio Navarro, Paco Zapata, los tres hermanos Martínez Ponce… el rector Gallego Moreno, el presidente Joaquín Gutiérrez, el secretario técnico Fernando Pin…», todos tienen reservado un buen lugar en su memoria junto a un contexto personal de pasado y futuro adornado de anécdotas, como en la experiencia internacional júnior de 1977 en Brasil en la que fue coseleccionador.

El gran premio que el calendario deparó al entusiasta grupo de estudiantes que alcanzaron la gloria del voleibol fue jugar contra el Real Madrid ante sus familiares, amigos y vecinos en las primeras jornadas de competición. «Hubo más gente fuera del pabellón que dentro», asegura Juan de la Cruz. «Salí a ver la gente que había fuera. Para nosotros fue muy importante, un momento muy bonito. Que viniera el Real Madrid al inicio fue extraordinario», reconoce. «Hacíamos voleibol porque nos gustaba y lo queríamos promocionar como deporte, y esto fue una promoción increíble. Vinieron chavales de los colegios que jugaban en ligas escolares», recuerda el entrenador.

El resultado de aquel encuentro, sin embargo, fue el comprensible. «Un 0-3 rápido. Pero fue un espectáculo, un acontecimiento. Granada se volcó como sabe y se quedaron muchas personas fuera. Nos dieron un repaso porque tenían un equipazo», se encoge, cuarenta años después, Juan de la Cruz. Un repaso del que estar orgulloso. Este sábado, antes del encuentro del equipo masculino, los protagonistas de aquel hito volverán a reunirse, casi sin excepción, para rendirse homenaje y entregar al club el póster que el Real Madrid diseñó para anunciar la visita del Universitario aquella temporada, ya en febrero.

De la Cruz, que entrenó al equipo desde 1971 hasta 1982, asegura que esa época «no se me olvidará nunca, recordaré los detalles». Su anecdotario es extenso. Recuerda, por ejemplo, la impresión que causó en sus jugadores y en él mismo el calentamiento del propio Real Madrid cuando le devolvieron la visita unos meses después. «Fue la leche, sonaban los petardazos. Cuando se hicieron la foto en la red, todos de blanco y formalitos como eran, empezaron todos a temblar», admite. «Fuimos el día de antes a Madrid, yo quería desinhibirlos, hablarles de que lo importante era participar porque estaban pasando por encima de todos. Nos dimos una vuelta para relajarnos. Nos volvieron a ganar otra vez 3-0», ríe el técnico, que jugó algún partido.

El Universitario terminó descendiendo. «Participaban doce equipos en Primera y bajaban dos. Aunque empatamos con el tercero, bajamos; si hubiéramos perdido sólo tres partidos por la mínima no lo habríamos hecho», lamenta todavía el entrenador. «Nos faltó experiencia, empezando por mí. Se dieron la inexperiencia y la imposibilidad de tener refuerzos por la política del club», expone de la Cruz, que todavía se acuerda de algún ofrecimiento de entonces que no habría venido mal.

Anécdotas

Una de sus anécdotas, justamente, pertenece al último partido de aquella temporada contra el descenso con el José María de Pereda, de Santander. «Si ganábamos 3-0 nos quedábamos y bajaban ellos. Dos jugadores no sabían cómo pararnos el ritmo e intentaron tirar al árbitro de la silla, dos veces. Él, que era un tipo muy tranquilo y con experiencia, habló con ellos y no les expulsó. Nos desequilibraron y ganamos, pero por 3-2», cuenta. Aquel colegiado, Gabriel Jiménez Callejón, también será parte del 40 aniversario del estreno en la máxima categoría nacional del Universitario.

También recuerda cómo Fernando Pin y Salvador Jiménez, el delegado, les daban el dinero en pesetas para las comidas de cada jugador antes de viajar. «Nos decían que teníamos que devolver lo que sobrara y poner lo que faltara», recupera, divertido. «Nos tuvimos que comprar las camisetas de Primera división porque nos las queríamos quedar de recuerdo. Era una política deportiva totalmente austera y nos tuvimos que adaptar», se encoge de la Cruz, feliz entre sus recuerdos.

«Estudiaban en los viajes y jugaban por convencimiento»

El recuerdo que Juan de la Cruz tiene del Universitario –«siempre será mi equipo y mi club»– es inmejorable. Le consta, porque no han perdido el contacto y de hecho mantienen un grupo de WhatsApp todos juntos, que siguen siendo grandes personas. «Todos los jugadores eran estudiantes, tenían que hacerlo en Granada o ser juveniles de la cantera que procedían del Juan XXIII del Zaidín, donde fui profesor de Educación Física. Nadie tenía becas, nadie cobraba. Teníamos que jugar con lo puesto, con la gente que iba a estudiar», explica.

«La relación que había era de amistad. Éramos amigos. Se llevaban todos muy bien porque había una base importante granadina y sobre todo del Zaidín, aunque algunos no llegaran a jugar en Primera. Del 71 al 78 pasaron muchos jugadores que se conocían y arropaban a los que venían a estudiar de fuera», aprecia con el tiempo de la Cruz. «Estudiaban en los viajes y practicaban el voleibol por convencimiento y por necesidad. Ayudaron a que creciera, se convirtieron en promotores del deporte que les gustaba y predicaban con el ejemplo», concede a su plantilla. «Granada nos aupó: venía muchísima gente a vernos y hasta entonces había poco voleibol. Ahora va a menos, me dicen. Eran profesionales sin serlo», se rinde a sus pupilos entonces y amigos perpetuos.

De la Cruz, que luego siguió entrenando en su tierra, en Málaga, recuerda un recorte de periódico del 78 que destacaba al Universitario como líderes de Primera, con declaraciones de su entrenador. «Salgo diciendo que el motivo del éxito era la seriedad. Y era verdad. Pese a que era gente muy joven, muchos de 18 años y empezando la carrera, estudiaban y entrenaban de diez a doce de la noche en Fuentenueva todos los días, muy fuerte, aun sabiendo que sus compañeros a esas horas hacían otras cosas», subraya. «Entrené al más alto nivel del deporte que había elegido. Para mí fue muy importante profesionalmente», se emociona Juan de la Cruz.